¿PODEMOS HABLAR SÓLO DE REPRESIÓN
      CUANDO HABLAMOS DE REPRESIÓN?


      1.- CONSIDERACIONES PREVIAS:

      Tras algunas citas históricas y algunas consideraciones sobre la importancia del tema, el texto reconoce que ya para aquella época era obvio que se estaba aplicando a Euskal Herria un sistema represivo nuevo, diferente al aplicado por el PSOE, y sostiene:

      "Uno de los riesgos más serios de que eso suceda radica en la falsa compresión de lo que es un sistema represivo. Peor aún, radica en el desconocimiento de que tal cosa exista. Las izquierdas en general y la abertzale en concreto piensan casi exclusivamente en términos de "represión" y no en el de "sistema represivo". ¿Cuál es la diferencia? Mucha, como veremos detenidamente en un cptº dedicado exclusivamente al tema. Pensar en términos de "represión" a secas, quiere decir pensar en términos estáticos, sectoriales, aislados y no sistémicos. Pensar en términos de "sistema represivo" es pensar en términos dialécticos, móviles, contradictorios, totalizadores y sistémicos. La "represión" evoca e indica la mera intervención policial o, a lo máximo, la de otros aparatos represivos, pero siempre dentro de una visión pobre y muy limitada de una realidad material mucho más compleja. El "sistema represivo" se refiere a la totalidad de los instrumentos materiales y simbólicos de represión que tiene un poder en un período determinado y que ese poder mejora permanentemente o, cuando fuera menester, lo anula totalmente para imponer otro nuevo, o parcialmente pero subsumido, integrado como parte en la totalidad nueva de otro sistema represivo destinado a responder a los avances de l@s oprimid@s".

      Esta concepción totalizante del sistema represivo permite comprender que el estado no sólo "reprime" con un único instrumento o aparato burocrático, o con la policía por brutal que fuera, sino que es la totalidad del Estado la que está en permanente intervención sistémica para obtener unos beneficios precisos, que luego veremos más en detalle. O para decirlo en palabras del texto que estamos citando:

      "Pensar en términos de "sistema represivo", en suma, nos lleva a pensar en fases represivas, es decir, en que el enemigo ha variado, ha evolucionado y mejorado -o eso pretende- sus instrumentos represivos. Pero lo ha hecho no sólo, que también, en el simple nivel de cantidad o aumento de los efectivos, leyes y métodos, sino sobre todo en calidad, en orientaciones y objetivos, en filosofía y metodología. Pensar en términos de "represión" seca, por ejemplo, nos lleva a creer que el enemigo sólo es capaz de aumentar la "cantidad" represiva. Pensar en términos de "sistema represivo" nos permite conocer que el enemigo también da saltos en "calidad" represiva. Cada fase significa o lo pretende un salto en calidad represiva. Dejando ahora de lado el que cada fase tiene subfases o períodos internos, como veremos en su momento, nos interesa adelantar que según nuestra tesis presentada a debate, estamos asistiendo a la puesta en marcha de un tercer sistema represivo contra Euskal Herria desde 1975".

      Las reflexiones sobre lo que era y es un sistema represivo, necesarias en sí mismas, no podían llegar a buen puerto de no estar dentro de una reflexión más amplia, capaz de descubrir los cambios y avances en los sistemas represivos, pero también las dificultades internas que tiene el Estado para implementar nuevas mejores. No debemos pensar que el Estado es omnipotente ante los pueblos que oprime, como omnipotente en su interior, es decir, capaz de cualquier transformación interna rápida y súbita. No. Necesita tiempo, debe vencer dificultades internas, inercias burocráticas, intereses sectoriales y corporativos, etc. Ahora bien, del mismo modo que no debemos sobrevalorar al Estado, tampoco tenemos que subestimarlo. Ambos extremos nos pueden conducir a serios errores de apreciación de sus fuerzas y debilidades y por tanto de la verdadera situación en la que se encuentra la sociedad. O como decía el texto que estamos citando:

      "Ninguna fase represiva nueva nace y se aplica en entero y desde el primer segundo. Es decir, su nacimiento no es como el de las mariposas que salen del caparazón de la crisálida ya plenamente desarrolladas, o con un símil más adecuado, no surgen a la vida como drácula sale del féretro ya totalmente preparado para chupar la sangre a l@s oprimid@s, o como el monstruo del doctor Frankenstein que sólo cobra vida con el chispazo eléctrico. Infinitamente peor y más peligros: toda fase represiva requiere un tiempo de amoldamiento y adaptación, de mejoras sobre la marcha, de autorreformas e introducción forzada de nuevas funciones no consideradas anteriormente. Esta característica dificulta el análisis del proceso de creación de un nuevo sistema represivo hasta que no existan en la práctica las experiencias y los conocimientos suficientes. Tal retraso permite a quienes piensan sólo en términos de seca "represión" sostener que no hay cambios cualitativos sino meras reformas cuantitativas. Pensamos que ya actualmente disponemos de datos suficientes para analizar y sintetizar las características básicas de la tercera fase represiva. Es cierto que no está todavía en activo al cien por cien de sus capacidades de hacer daño y causar sufrimiento, pero, como veremos, sus características esenciales básicas son ya operativas y las veremos en un cptº entero".

      Se trata de realizar un estudio lo más riguroso posible para descubrir, dentro de los cambios, los puntos débiles de las novedades, encontrar sus fallas y sus brechas. Ello requiere, a su vez, un conocimiento histórico adecuado de las constantes de fondo que palpitan dentro de las crisis estructurales del Estado, crisis y constantes que exigen para su desenvolvimiento el llamado "tiempo largo" de la Historia", sin el cual no se entienden cuestiones profundas de la humanidad como son, fundamentalmente y por este orden todo lo relacionado con la opresión patriarcal y con la opresión nacional como prácticas de expoliación anteriores a división social en clases antagónicas. Pero volviendo al tema que tratamos, y citando otra vez:

      "Cada fase represiva tiene puntos débiles nuevos que permiten a los demócratas, a los abertzales, luchar contra ella. También están las constantes históricas que se repiten en cada fase a pesar de cambiar de piel y ser reintegradas en otro sistema; su continuación demuestra dos cosas: que existe una realidad histórica permanente en lo substantivo y que, por ello mismo, ha de reaparecer en cada fase represiva y que, cada fase represiva busca liquidar definitiva e irreversiblemente esa situación; por eso, cada nuevo ministro en represión asegura que en x ó z años él, su gobierno de turno, va a derrotar definitivamente a la izquierda abertzale. Esta dialéctica entre lo que permanece y lo que cambia, entre lo viejo y lo nuevo, que se remonta al 'domuit vascones' visigótico, es la que permite encontrar los puntos débiles de todo sistema; la que, siempre con la práctica como criterio definitivo de verdad, nos permite vencer en cada uno de los frentes viejos y nuevos del sistema represivo. Hablamos de "frentes" pero podemos usar cualquier otra palabra: escenarios, espacios, lugares, niveles, relaciones, marcos, etc., en los que se intervienen los diversos tentáculos del sistema represivo".

      Podemos ya hacernos una idea un poco aproximada de la complejidad e importancia de las preguntas que nos realizábamos al comienzo de estas páginas. Y la mejor forma de seguir avanzando es preguntarnos:

      2.- ¿QUÉ ES UN SISTEMA REPRESIVO?

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